sábado, 27 de agosto de 2011

MERCADEO LA SALVACIÓN PARA EL AGRO


La sumisión del campo colombiano no ha sido una historia de reciente data, por el contrario es lo  que lo ha hecho característico durante su historia, a pesar de que por todo Colombia existan casos en los que el agro se ha convertido en un fructífero negocio, lo predominante en Colombia es la falta de oportunidades, el atraso, las malas condiciones de vida, una precaria infraestructura, bajos niveles de escolaridad  y si a esto sumamos el desplazamiento forzado, completamos un peligroso coctel de debilidades que se reflejan en cifras como es la que nos muestra el departamento nacional del planeación[1] con 3,3 millones de personas en estado de pobreza extrema viviendo en el campo, lo que corresponde al 45% de los pobres extremos, en un país con un potencial tan gigantesco para la producción agrícola esta realidad resulta muy vergonzosa.
Las causas  se especulan, e incluso se afirman por doquier, casi siempre se tiene al gobierno como principal autor de esta realidad, por lo general  se le achaca de ser ese padre desjuiciado con sus pobres hijos, el cual los ha sepultado en la desagracia a causa de su avaricia y ansia de poder, se incluyen en esa larga lista de verdugos, a los grupos al margen de la ley con el masivo desplazamiento que han producido, a los bancos y su limitada oferta crediticia y de ahorro, además de sus engorrosos trámites y costosos servicios, podríamos seguir nombrando a los países llamados desarrollados con sus exorbitantes subsidios a sus productores agrícolas que produce competencia desleal y así podríamos seguir nombrando un sin número de culpables, completaríamos una larga lista de escusas, algunas con algún grado de validez otras simples complejos que se han trasmitido de generación en generación, escusas que se cantan en tristes canciones campesinas, se proclaman en coplas y versos que siempre se repiten sobre el tema, ha servido de plataforma política para cientos de campañas políticas de aquellos que siempre se han aprovechado de esta condición y en realidad buscan que se mantenga, ha sido tema de discusión en cientos de foros académicos, tema de consulta para muchos asesores extranjeros que vienen a contar sus experiencias exitosas y de quienes, algunos quieren ser fieles imitaciones, ha sido ponencia cientos de veces en nuestro parlamento en la búsqueda de la tan anhelada reforma agraria y por supuesto eterno tema de tiendas de vereda y las horas posteriores a la faena diaria.
Pero sin importar cuantas veces se aborde este tema y desde que ángulo se vea, el problema del campo colombiano tiene un única fuente y es la pobreza de nuestra cultura y los pocos esfuerzos por fortalecer un sistema educativo que modifique las debilidades de nuestra sociedad, esa realidad ha sido el palo en la rueda del desarrollo, mientas sigamos teniendo mentes de simples sobrevivientes, que su máximo triunfo es subsistir y dejarle a sus hijos lo que para muchos consideran un gran legado que  un insipiente bachillerato que prácticamente en nada supera la básica primaria que caracterizo a la pasada generación, nunca vamos a ver el desarrollo que tanto anhelamos y que solo se nos mostrara el día en que tengamos como bandera de lucha aquella característica que hace a los pueblos despegar de sus limitantes, sin perder su esencia y me estoy refiriendo a la innovación, pero que puede llamarse innovación, en palabras muy concretas podríamos llamarla como la capacidad que tengamos para modificar nuestra propia realidad, desde nuestros propios interrogantes, con nuestros propios recursos pero pensándola hacia un mundo globalizado, es descubrir lo universal en lo más local de nosotros mismos, como puede ser dar una evolución a aquellos productos que nos han identificado  y trasformar el formato de presentación de tal manera que sea consumible en cualquier parte del mundo, un ejemplo simple puede ser la panela que durante siglos acompaño los desayunos de todos nosotros, si sabemos que en el mundo está en búsqueda cada día de endulzantes mas naturales y menos refinados por los perjuicios a la salud que esto trae, pero al mismo tiempo conocemos de la debilidad de la panela tradicional en forma de cubo por lo poco práctico de su manejo pues fusionemos lo mejor del azúcar que es su presentación en grano con lo natural del jugo de caña deshidratado, con lo que muy seguramente tendremos como resultado la panela pulverizada, pero este resultado no es garantía de un éxito en el mercado y es ahí donde entra a jugar un papel fundamental una ciencia a la que debemos adoptarla como propia y es el mercadeo, dar satisfacción a las necesidades del publico implica conocerlo y dejar que sus deseos e incluso caprichos moldeen nuestros productos, no solo con el caso de la panela sino con cada uno de los productos que nacen en el seno de nuestras veredas y que muy seguramente enfrentan problemas de comercialización, de inestabilidad de precios, de discontinuidad en la demanda, etcétera, dándoles el valor agregado o toque propio que haga irremplazables e inolvidables nuestros productos.
En ese sentido estamos  todos ante una gran responsabilidad, cada uno de los que hemos escogido la carrera de profesional del campo, un deber que trasciende nuestros deseos personales y que nos compromete a llevar en nuestra metas y en nuestros corazones el propósito de una agricultura desarrollada y progresista, que nunca pierda su esencia por copiar modelos importados o que nunca perezca ante la seducción de las trasnacionales sino que conoció todo nuestro empuje, en forma de nuevas ideas para salir de la pobreza no solo económica sino sobre todo  la pobreza mental y decir confiados que hemos logrado nuestra tarea, poniéndole nuestro propio sello a esta tierra.   


[1] Tomado de revista nacional de agricultura N. 956

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